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La inquietante historia de amor senegalesa que asombró a Cannes

La inquietante historia de amor senegalesa que asombró a Cannes

El conocimiento de Diop de estos desequilibrios y la naturaleza histórica de su entrada en Cannes no se traduce en una película didáctica. Atlánticos no le preocupa disipar los estereotipos. Más bien, es vigorizante en su especificidad narrativa. Ada (interpretada por Mame Bineta Sane) y Souleiman (Ibrahima Traore) se roban momentos de tranquilidad, intercambiando bromas y pequeños obsequios, antes de que este último se vaya de Senegal. Diop se centra en la conexión entre los dos con un enfoque íntimo pero nunca voyeurista. Cuando se separa de Souleiman, Ada es el foco constante del trabajo de cámara atmosférico de Diop. En algunos momentos, Ada se para contra un telón de fondo de luces estroboscópicas de colores neón y se ve etérea; en otros, camina por las polvorientas calles de Dakar sin desaparecer en la bruma.

Con su inteligente fusión de fantasía y romance, Atlánticos cuenta una historia de migración prismática. Se une a otras obras recientes de artistas africanos que contemplan la migración experimentando con la forma. Por ejemplo, el poeta eritreo, puertorriqueño y afroamericano Aracelis Girmay escribió La maria negra, un libro de “elelegy” que conecta las historias de quienes han muerto en el mar a través del tiempo y el espacio. La epopeya migratoria del director Manthia Diawara, Una ópera del mundo, combina la música tradicional de Malí con la puesta en escena operística. Como estas obras, Diop’s Atlánticos dramatiza las distancias que atraviesan los africanos y cómo lo hacen, pero lo hace introduciendo una convincente presunción sobrenatural. Cuando Souleiman reaparece más tarde en la vida de Ada, no lo hace solo, ni siquiera como la misma versión de sí mismo. Sin estropear demasiado, su regreso es un giro evocador que captura cuán omnipresentes pueden ser los seres queridos fallecidos. Para Ada y para los espectadores, Souleiman está en el aire.

Aún así, el viaje lo cambia. Después del regreso de Souleiman, Traore interpreta a su personaje con moderación mientras permite que surjan ciertas emociones; sutiles cambios en sus movimientos indican un cambio esencial en el personaje sin sacrificar el claro afecto que sentía por Ada al comienzo de la película. Es una representación delicadamente equilibrada, que evita las presentaciones rígidas de masculinidad. Sane al principio interpreta a Ada con picardía juvenil y luego, gradualmente, con más solemnidad. Incluso antes de que llegue el sombrío giro de la historia, Ada reconoce parte del destino al que está destinada, y lo que les espera a muchas de las jóvenes que la rodean.

Diop notó en ella Buitre entrevista que ambos actores principales eran novatos. Traore era un trabajador de la construcción de oficio, y Sane era una chica que había dejado la escuela y planeaba casarse. Su afinidad por Ada y Souleiman es obvia, al igual que la apreciación de Diop por el propio Senegal. El país, sus aguas, su arquitectura y su gente, es tanto un personaje como los individuos cuyas historias impulsan la película. La cámara nunca aparta la mirada del continente de Senegal, excepto para mirar hacia el agua. Europa existe solo como hipotética en Atlánticos, como una abstracción destinada a contener las esperanzas y frustraciones de los trabajadores.

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